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Cambio en Relaciones Exteriores pasó por la Trump Tower y llegará a 2018

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Por: Carlos Ramírez/ Indicador Político
05 de Enero 2017
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NUEVA YORK. Aunque pudo haber sido un viaje de vacaciones de fin de año, el exsecretario de Hacienda y artífice de la visita de Donald Trump a México a finales de agosto del año pasado en plena campaña presidencial, Luis Videgaray Caso, estuvo el fin de semana aquí en Manhattan donde el presidente electo tiene su sede de poder antes de llegar físicamente a la Casa Blanca.

Y como en política no hay coincidencias, esas reuniones secretas con miembros del primer círculo de poder de Trump explica la colocación de Videgaray como nuevo secretario de Relaciones Exteriores. La de Videgaray sería una de las designaciones directas de Trump en el gabinete presidencial mexicano.

Videgaray regresó de Nueva York a México vía Aeroméxico y en sección turista el martes en la tarde en que se anunciaba en EU el retiro de la instalación de una planta de Ford en San Luis Potosí.

Como canciller de facto, Videgaray definió su tarea después de haberse entrevistado con los funcionarios de Trump.

Los datos develan algo peor que la improvisación: la ausencia de una verdadera estrategia de políticas de gobierno: Videgaray estaría en la lógica de restaurar la relación personal de Peña con Trump que se dañó no con la visita sino con algunas opiniones posteriores del Presidente mexicano para mitigar el efecto negativo de la visita. El Gobierno mexicano parece darle mayor importancia a la relación personal entre mandatarios que a los problemas de reorganización del tratado de comercio libre que entró en funcionamiento el 1 de enero de 1994.

Sin embargo, las empresas estadounidenses que han cancelado sus planes de instalar plantas en México para quedarse en EU son apenas la punta del iceberg del problema mayor: el agotamiento de las posibilidades del tratado de comercio libre en cuanto a llegada de inversiones productivas estadounidenses a México. Y México se ha encontrado de pronto ahogado en su propia incompetencia: el tratado comercial de Salinas de Gortari se centró en la apertura comercial y en la atracción de inversiones extranjeras, se olvidó de reconstruir sus modelos de desarrollo industrial, agropecuario y turístico y se centró sólo en la ventaja comparativa de mano de obra eficaz y barata.

La cancelación de proyectos de inversión estadounidense es un foco de alarma para lo que viene: no el fin de la globalización sino una guerra por el apropiamiento de inversiones; la campaña electoral de Trump se basó en el compromiso empresarial de evitar que las empresas norteamericanas se vayan a otros países que funcionan como paraísos fabriles que significan mayores utilidades a los inversionistas.

La política exterior de México con Videgaray estará subordinada a los intereses de Trump y su política comercial proteccionista, desprotegerá a los migrantes en proceso de deportación y definirá indicios clave para el 2018 mexicano.

El ascenso de Videgaray a la cancillería buscará la relación directa de México con el yerno de Trump, Jared Kushne, artífice con Videgaray de la visita de agosto. En el cierre de la campaña estadounidense Videgaray fue cesado por esa visita, pero la victoria electoral de Trump no sólo lo rescató de la humillación del cese sino que le dio ya la Cancillería mexicana y en automático lo volvió a colocar en la lista de aspirantes presidenciales mexicanos del 2018 que coincidirá con los tiempos políticos de Trump en la Casa Blanca. Política para dummies: La política es la habilidad para adelantar jugadas en el tablero del poder.

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