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  • Indicador político / Carlos Ramírez
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  • El colapso de 2017: crisis destruyó neoliberalismo salinista 1979-2016

  • Indicador político / Carlos Ramírez

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  • El señalamiento de que el Acuerdo para el Fortalecimiento Económico y Protección de la Economía Familiar recuerda el ciclo de los pactos 1982-2001 es irrelevante. Lo realmente importante serían cuando menos tres puntos concretos.

    1.- Fracaso neoliberal. Los pactos fueron acuerdos corporativos para contener la crisis, reorganizar el modelo de desarrollo en torno al mercado y crear una estructura productiva que eliminara los ciclos de la crisis. Lo paradójico: cada crisis que prohijó un pacto fue una crisis de mercado y que al rescate tuvo que entrar el Estado. Los pactos sirvieron para entronizar el modelo de desarrollo del Banco Mundial, del Fondo Monetario Internacional y del Consenso de Washington. El regreso del proteccionismo estadounidense liquidó la globalización.

    2.- Agotamiento del proyecto salinista de nación. El golpe de timón en la política económica ocurrió en 1979 con la llegada a la Secretaría de Programación y Presupuesto de Miguel de la Madrid –el puente entre populismo y tecnocracia– y sobre todo de Carlos Salinas de Gortari.

    Salinas fue el diseñador del nuevo proyecto nacional de desarrollo y su gestión se extendió hasta 2017: economía de mercado, apertura comercial y estabilidad macroeconómica monetarista.

    La nueva intervención del Estado para contener la crisis ha revelado el indispensable papel regulador del Estado. Y la violencia social determina que toda política económica es economía política.

    3.- El tema central de las crisis mexicanas 1970-2017 ha sido la crisis fiscal del Estado. La revolución neoliberal salinista fue distorsionada por el mantenimiento de la dependencia del Estado de grupos sociales vulnerables.

    Otras ofensivas neoliberales se olvidan de los pobres y los obligan a entrarle de lleno a la competencia productiva. Salinas redujo las fuentes de financiamiento del gasto público a impuestos y deuda, lo que provocó una disminución en la capacidad del Estado para atender a marginados. El Estado fija su presupuesto en la fórmula gasto-ingreso, en tanto que en la economía personal es al revés: ingreso-gasto. El déficit presupuestal es el centro de las crisis; y éste refleja la reducción de los ingresos y la ampliación de los gastos. En suma, el Estado con su actual configuración fiscal carece de recursos para financiar el gasto creciente. O el Estado reduce su gasto improductivo político y social o amplía los ingresos públicos sanos.

    El modelo económico actual es el neoliberal impuesto por Salinas: mercado por Estado, subordinación al comercio internacional y tasa de utilidad empresarial en lugar de cobertura social de los marginados. El Estado en el periodo 1954-1970 buscó un camino mixto a través del desarrollo estabilizador: estabilidad en la fórmula inflación-devaluación, política social del Estado en rubros generales y economía mixta.

    El neoliberalismo entró de emergente para resolver la crisis provocada por el populismo: gasto sin ingreso, impresión de billetes y deuda y Estado dominante en economía. La fórmula neoliberal fue la liberación productiva, el adelgazamiento del Estado y el apoyo al mercado. El saldo: 80 por ciento de mexicanos con problemas de marginación y pobreza y consolidación de una plutocracia neoliberal que encarna Carlos Slim Helú paradójicamente como beneficiario de la neoliberalización salinista en venta de paraestatales.

    La crisis de gasolinas resume el agotamiento del modelo salinista de neoliberalismo mexicano. El debate es encontrar un nuevo modelo de desarrollo, un nuevo Estado más regulador que intervencionista y un nuevo pacto económico constitucional para regresar a la economía mixta con un sector paraestatal eficiente.

    Política para dummies: la política debe ser la sensibilidad para no olvidar el pasado, a fin de no repetir los mismos errores.

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