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  • El divorcio

  • Por: Antonio Navalón

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  • En las grandes crisis –en las nacionales y en las internacionales– la receta infalible es permanecer unidos.

    Sin embargo, en algún instante por alguna u otra razón podemos llegar a divorciarnos de algo o de alguien, y en ese sentido, es necesario tomar en cuenta que uno de los peores momentos para un divorcio es cuando hay ataques desde afuera y las cosas se rompen por dentro.

    Ahora en nuestro país me llama mucho la atención la crisis oculta que hay entre la lectura política de la acción del Gobierno, los partidos políticos mexicanos y la forma en la que se produce eso tan importante que es el soporte a la acción gubernamental en tiempos de crisis.

    Y es que, aquí actuamos como si nada hubiera pasado, pese a que resulta evidente que el cambio de Gobierno ha comenzado. No sólo por el regreso del ahora canciller Luis Videgaray, sino por el agotamiento del modelo y porque no es lo mismo administrar para la reforma que administrar para la guerra, aunque ésta sea en términos comerciales.

    Pero mientras tanto, el divorcio entre una parte del Gobierno y los soportes políticos que debería tener, es cada día más profundo.

    ¿Dónde están todos los partidos empezando por el PRI? Y no sólo me refiero a su presidente –que hace acto de presencia constantemente– sino a todo el partido.

    Y es que, lo peor que se puede hacer es confundir una actitud partidista con una estructura de gobierno partidario. Porque a los partidos no sólo los controla quien está sentado en la silla presidencial, ya que también son controlados por el padrón electoral y los votantes.

    En ese sentido, estamos haciendo las cosas de tal manera que da la impresión de que en nuestro país el necesario soporte popular a través de los partidos, del Congreso y del Senado, brilla por su ausencia.

    Se está produciendo un divorcio entre la acción del Gobierno y la acción política, algo que es mucho más grave de lo que parece, porque esa situación nos deja muy vulnerables frente a los que no nos quieren.

    Pero sobre todas la cosas, el mismo equipo fantástico que llegó a protagonizar una de las portadas de la revista Time por haber conformado un “Comité para salvar a México”, debería de entender que ahora más que nunca es necesario salvar a nuestro país.

    Aunque al mismo tiempo el pueblo mexicano tenemos derecho a llamar a los partidos y preguntarles que si además de protestar, de llenar la plancha del Zócalo y de asegurar que esto no puede estar pasando, ¿qué otra cosa piensan hacer? ¿Cuándo lo harán? ¿Y cómo soportarán, políticamente hablando, las acciones que el Gobierno tendrá que tomar.

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