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Entre la percepción y la realidad

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La aplicación de la justicia hace a México uno de los países peor evaluado.
21 de Octubre 2016
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Dicen los especialistas que una percepción es todo eso que captamos a través de los sentidos. El ser humano huele, escucha, toca, gusta u observa, y está recibiendo percepciones, y eso le permite tomar decisiones o entender muchas de las cosas que le rodean en el ambiente donde vive o se desarrolla. Un ejemplo claro de ello es que sabemos que en este país la corrupción es uno de los mayores males y pese a todo lo que se ha realizado, el fenómeno sigue vigente.

Y no es que sea un problema cultural como lo aducen muchos, sino parte de la condición humana, de esa recóndita aspiración por la riqueza que siempre albergamos en una parte de nuestro entendimiento.

Pero también debemos reconocer que las culturas dominantes de Mesoamérica mantenían a innumerables pueblos como vasallos. Lo lamentable es que llevamos cerca de 500 años manteniendo esa maldita pobreza que nunca nos hemos logrado sacudir, porque nuestros gobernantes hicieron del saqueo una indignante costumbre que por desgracia sigue vigente.

El cambio logrado por Singapur, de ser una nación empobrecida a ser uno de los mejores lugares del mundo para vivir, se sustentó en leyes brutalmente violentas que contemplaban el fusilamiento para funcionarios y pobladores que participaban en actos de corrupción.

La misma medida fue aplicada en las calles, y los trabajos forzados y la cadena perpetua sentaron un precedente en torno a los llamados delitos menores.

Desde luego que una propuesta de este tipo despertaría los apetitos de los férreos defensores de los derechos humanos, pero hemos entrado en una etapa de impunidad que cada día agudiza nuestra postración colectiva y observamos pasivamente la forma en que muchos hurtan y saquean los recursos públicos que los mexicanos, todos, aportamos para el sostenimiento del aparato burocrático del Estado y la puesta en marcha de obras y programas. Pese a ello, la corrupción no disminuye, por el contrario, los niveles se incrementan, así lo sostiene el Índice Estado de Derecho 2016, realizado por el World Justice Project que ubica a México en el lugar 88 de 113 países evaluados en todo el mundo.

Así, los mexicanos hemos experimentado este año una mayor corrupción. La aplicación de la justicia hace a México uno de los países peor evaluados porque no hemos puesto límites al poder gubernamental ni logrado abatir ese flagelo en que se ha convertido la corrupción. Pese a tener gobernantes muy mal evaluados, los mexicanos nunca nos hemos preocupado por colocar límites al poder. Por eso estamos como estamos. Al tiempo.

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