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Juego limpio

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Por: Antonio Navalón
15 de Noviembre 2016
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Por la cara del exgobernador de Sonora, Guillermo Padrés Elías, al momento de entregarse para que se le enjuiciara, daba la impresión de que no se le había informado cuál es su situación penal, ni las demandas que existen en su contra.

Pero lo importante es que se entregó y lo importante –espero que sin ningún tipo de pacto oculto– es que Padrés ya está enfrente de quien tiene que estar, es decir, de los jueces ante los que deberá responder por los delitos que se le imputan.

Esto es un buen comienzo en una situación en la que inevitablemente por sentido de la justicia o del equilibrio político, obliga a que el otro prófugo del momento también haga lo mismo o por lo menos aquellos que tienen la misión de detenerlo tengan mayor incentivo para que lo puedan lograr.

Todos los que me hacen el favor de leerme saben que no acostumbro realizar juicios precipitados. Porque al final del día lo que quiero es que el sistema funcione y que si existen garantías de que las acusaciones estén bien sostenidas y los culpables terminen realmente pagando sus crímenes.

Sin embargo, la corrupción ha deteriorado la fe hacia los sistemas y en este momento tenemos por todas partes los sonidos que una y otra vez nos van transmitiendo una realidad en la que los pueblos ya no aguantan más una situación de desconfianza generada por gobiernos corruptos o abusivos.

Y eso sólo se corregirá de dos maneras. O logrando que el Estado funcione con eficacia, equidad y seriedad; o articulando una justicia para el Estado que inevitablemente nos conducirá hacia un cambio de régimen.

Aunque algo que no debemos olvidar es que al menos hasta el momento tenemos libertad de prensa y muchas libertades que se han ido ganando y consolidando en nuestro país. Pero lo más importante es impulsar la creación de sistemas que lleven a cabo investigaciones de manera confiable a fin de recuperar la fe en los procedimientos judiciales.

Ahora esa es la gran batalla que tenemos pendiente y en la que no debemos olvidar que el cambio de la historia del mundo se produjo cuando pasamos de la teoría política a la práctica jurídica, porque una vez que las leyes dejan de ser simples aspiraciones o indicaciones pueden convertirse en elementos que regulan e imponen una manera de vivir.

Sin duda, soy consciente de que vivo en un país que genera muchas leyes pero que cumple muy pocas.

Sin embargo, este es un buen momento para tener en claro que gran parte de evitar ser sorprendidos por los tiempos que vivimos, consiste en gobernar con sentido de la eficacia, de la limpieza del juego y de la justicia, a fin de evitar una imposición a la fuerza.

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