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La Belisario, corcholatazo; Senado premia sus errores en reforma educativa

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Por: Carlos Ramírez/ Indicador Político
17 de Noviembre 2016
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Si algún sentido político se debe buscar en la asignación de la medalla Belisario Domínguez al gasolinero que evitó una tragedia, es el de la oportunidad del Senado para enmendar sus errores sin reconocerlos: el propietario del expendio de gasolina murió al evitar un incendio, pero como víctima de las protestas rupturistas de maestros disidentes contra la reforma educativa que aprobaron senadores y diputados.

Más que premiar a una víctima de la reforma educativa, los senadores debieron antes revisar esa reforma educativa que mantiene protestas y violencias como la que mató a Gonzalo Rivas.

El gasolinero quedó atrapado en una disputa entre miembros de la disidencia magisterial de Guerrero y la Policía Federal, pero en una refriega que provocó muertos por ineficacia policiaca y estrategia criminal de los miembros de la coordinadora magisterial guerrerense. Es paradójico que el Senado premie al dueño de la gasolinera que murió tratando de apagar el fuego y las autoridades federales y estatales sigan sin castigar a los responsables sociales, políticos y operativos que provocaron esa crisis por su incompetencia en el manejo de las estrategias de seguridad.

Y lo peor de todo: que la reforma educativa aprobada de manera autoritaria por las élites legislativas de PRI, PAN y PRD y que sigue provocando inestabilidad social continúe aplicándose de manera autoritaria.

Rivas fue una víctima propiciatoria de una lucha callejera violenta y criminal contra una reforma aprobada en forma verticalista y sumisa por senadores y diputados.

Lo que queda es la certeza de que el PAN –a quien le tocaba decidir al premiado– haya optado por una decisión mediática, perversamente politizada.

Al final de cuentas la medalla Belisario Domínguez perdió su sentido social e histórico y quedó en un corcholatazo, por lo que debe derogarse. Los senadores han olvidado que la medalla se instituyó para “premiar a los hombres y mujeres mexicanas que se hayan distinguido por su ciencia o su virtud en grado eminente, como servidores de nuestra Patria o de la Humanidad”.

Pero no es la primera vez que se pierde el sentido de la medalla: personajes del establishment la han recibido sin tener méritos reales: los represores obreros Fidel Velázquez y Salomón González Blanco, los empresarios paraestatales Gilberto Borja y Alberto Bailleres, entre otros.

Pocos ya recuerdan que la medalla se creó para recordar al senador chiapaneco Belisario Domínguez, que fue la única voz que pidió al congreso negarle la presidencia a Victoriano Huerta en 1913, pero fue arrestado, torturado y mutilado simbólicamente de su lengua. El senador Domínguez convocó, en debates de septiembre de 1913, al congreso a negarle legitimidad a Victoriano Huerta, a pesar de arriesgar la vida por la criminalidad del golpista.

Ciento tres años después, el Senado premia al gasolinero Rivas porque murió por la ineficacia de la policía, por la criminalidad del PRD en el gobierno de Guerrero, por la violencia criminal de maestros disidentes y por una reforma educativa impuesta por el autoritarismo de PRI-PAN-PRD. Antes de premiar a Rivas, el Senado debió de auto acusarse de irresponsabilidad en una reforma que provocó muertes; en lugar de eso, el Senado prefirió premiar a la víctima para ocultar la complicidad de los victimarios.

El mejor homenaje a Rivas no es una medalla ya sin valor político, sino derogar la reforma educativa que ha provocado represiones y muertes, para rehacerla con un mayor consenso social.

Política para dummies: La política es el espacio de la realidad, no de los intereses del aquí, ahora y ayer.

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