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La fuerza del Estado

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24 de Octubre 2017
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Todos los Estados tienen la capacidad de atacar y construir. Pero también es bien sabido que hay una cosa peor que convertirse en su enemigo, y eso es vivir en un país donde el Estado no exista.

En México, especialmente desde la llamada alternancia que inició con la llegada de Vicente Fox al poder, el Estado se ha manifestado casi siempre de forma equivocada al momento de decidir dónde y cómo hacer uso de la fuerza.

Recordemos el momento en el que se decidió inhabilitar y elevar a los altares del sacrificio popular a López Obrador. La intención de desagregarlo y dejarlo sin cargo cuando era el Jefe de Gobierno de la Ciudad de México, lo que desencadenó una situación que no sólo generó tensiones que afectaron hasta al propio Ejército mexicano, sino que al final terminó por fortalecerlo en gran medida.

Sin embargo, hoy en día el Estado es más sofisticado y en la vida de todos nosotros siempre hay algo con lo que un Estado te puede castigar.

En ese sentido, lo que más perjudica a un político es que tenga buena suerte. Me explicaré.

Si usted o yo nos encontramos, por ejemplo, un departamento en buenas condiciones, lo compramos y después lo vendemos obteniendo el triple de su valor, no habrá sospecha alguna de que eso fue posible porque tuvimos suerte. Pero si eso lo hace un político, es seguro que su suerte depende de un acto lleno de corrupción.

El problema es que han sido muchas las ocasiones en las que se ha confirmado la sospecha y la preocupación de que la suerte de los políticos tiene que ver con la corrupción.

Y en ese momento lo único que queda es contemplar los ejercicios y los malabarismos que tienen que hacer los afectados para no morir en el intento.

En política y en la vida resistir es vencer. Y ya no basta con organizar y amañar una media investigación con la ayuda de un gobernador amigo para acabar con la sombra de la sospecha.

Pero lo cierto es que el Estado mexicano no tomó su fusil, pero sí tomó su SAT y su Unidad de Inteligencia Financiera para ponerse a trabajar y descubrir dónde estaban los malos. Aunque es una pena que casi siempre esos malos sólo sean sus enemigos electorales, porque ese sistema sería perfecto si fuera igual para todos y tanto usted, como yo o cualquier otra persona que tuviera algo pendiente, simplemente lo pagara.

Pero mientras tanto no hay que equivocarse, y al presidente hay que tenerle respeto y en cierto sentido miedo hasta que deje de portar la vestidura. Y cuando el Estado ataque tómeselo en serio, porque normalmente tiene más poder que cualquier ciudadano.

@antonio_navalon

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