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Las ganas de creer

Crédito:
28 de Julio 2017
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Por: Vladimir Galeana

Hay veces que lamento mi escepticismo cuando de aceptar las verdades oficiales se trata. Y no es que mi desconfianza en las instituciones de este país sea producto de una circunstancia momentánea, porque las instituciones no son entes vivos sino instrumentos de un sistema político imperfecto, y obedecen en la mayor parte de las veces a los intereses de quienes las encabezan.

Y ahí es donde las cosas terminan por extraviarse, porque siempre, o casi siempre, esos intereses son los que terminan definiendo no los intereses de los mexicanos, sino de los grupos de poder y de presión.

Los mexicanos tenemos guardadas unas ganas infinitas de creer que nuestros gobernantes efectivamente trabajan para mantener vigente los intereses de esa sociedad de la que formamos parte, y que tienen la obligación de conducir. Pero  nuestra lacerante realidad indica que lo que menos importa es eso, porque sus intereses se conforman principalmente en las decisiones de poder, mientras que los nuestros no son parte importante de su agenda.

En México existen muchas ganas de creer que por fin las cosas van a cambiar, tanto que el vocablo “cambio” se convirtió en la identidad más exitosa de las campañas políticas. Pero también tengo que reconocer que el cambio ha llegado, y llega para quienes conducen los destinos de esas sociedades a las que pertenecemos por nuestra naturaleza humana de conjuntar esfuerzos para convivir y cohabitar de la mejor forma, aunque también inventamos las clases sociales para diferenciarnos.

Desde que comencé a interesarme en el oficio de gobernar, al fin y al cabo fenómeno social, siempre he mantenido vigente mi esperanza de que por fin aparezca alguien que sea capaz de cambiar nuestra realidad y comience a diseñarnos un camino distinto hacia el éxito, y no un sendero de fracasos como los que nos han otorgado desde que llegó la alternancia. Y no pretendo sostener que esa alternancia es la causa de nuestros desatinos, pero vaya que se han afanado en ello.

De cualquier forma, nuestra obligación es mantener vigentes nuestras ganas de creer y que por fin ha llegado la etapa de hacer realidades los mitos de la justicia social, la reivindicación de los menesterosos, y la equidad en la distribución de la riqueza y del ingreso. Así, lo que menos tiene que importar es la forma en que lo alcancemos y hagamos realidad ese viejo ideal que nos ha mantenido unidos.

Pero también esas ganas de creer se han venido disipando a causa de la desidia de nuestras sociedades para exigir y castigar. Lo peor que nos dejaron los gobernantes del pasadoes ese costumbrismo de elegir a los mismos porque más vale viejo por conocido que nuevo por conocer. Volver a creer no nos costará mucho, porque todos vendrán a ofrecer esa vieja esperanza frustrada que ya conocemos. Lo único real es que renovamos a cada rato esas ganas de creer. Al tiempo.

vladimir.galeana@gmail.com

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