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Las reformas se han implementado y sus efectos tardarán un tiempo para poder ser cuantificados.
20 de Octubre 2016
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Uno de los grandes objetivos de las reformas estructurales al inicio de este sexenio fue salir de esa especie de maldición que significa el bajo crecimiento económico que ha registrado nuestro país en los últimos 30 años.

Situación que no le ha permitido a México construir una economía destacada y legal, sino que aún sigue lidiando con una economía convulsa y secundaria.

Las reformas se han implementado y sus efectos –como siempre supimos– tardarán un tiempo para poder ser cuantificados.

Pero en medio de todo eso hay un dato que considero sustancial, y eso es que los empresarios –quienes han sido una parte fundamental en la conformación de las políticas del mundo moderno– en este momento carecen de una idea clara de lo que representa la interlocución con el Gobierno.

Y es que, en parte, esa relación se abandonó durante los años de gestión del antiguo secretario de Hacienda, Luis Videgaray. Donde además se olvidó que la influencia y la fuerza del Gobierno sobre la política empresarial ha sido decisiva en todo momento.

Aunque si es verdad que Videgaray sigue siendo una persona clave y que acabó su descanso para estar plenamente integrado a la política real de Los Pinos, entonces estamos en una situación en la que esa relación con el Presidente Peña Nieto no tendría por que generar más problemas de los que ya generó.

El problema ahora es que a nuestros empresarios les gusta jugar a la política. Y además, con razón o sin ella, la política que se estructuró durante la implementación de las reformas limitó de manera grave e importante el crecimiento económico de México.

Todo eso ha provocado que la acción empresarial –tan fundamental para impulsar la vida económica del país– esté por lo menos dividida y sumergida en serias dificultades de comunicación gubernamental.

Por eso, a la hora de conformar las nuevas políticas y las nuevas candidaturas, será necesario identificar el papel que desempeñarán los empresarios. Aunque de momento, con la llegada de José Antonio Meade a la Secretaría de Hacienda, ellos deberían tener la certeza de que ahora sí serán escuchados.

Pero, mientras tanto, lo único que se les ha ocurrido es ponerse a trabajar en el 2018. A pesar de que hacerlo en estas condiciones, sin un plan para el país y con una brújula en materia económica tan extraviada, significa actuar desde un aspecto negativo al dejar de lado la importancia de trabajar y estructurar lo que debe ser la alternativa económica para esta situación en la que actualmente vivimos.

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