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  • Peregrinación en París

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  • Por Antonio Navalon

    En la historia política moderna los símbolos son todo. A partir de los años 60 Camelot –incluido el musical, la figura imposible de la justicia y el papel del rey Arturo con sus caballeros de la mesa redonda– se identificó con el inicio de una era marcada por la llegada de John Fitzgerald Kennedy a la Casa Blanca.

    “No te preguntes qué puede hacer tu país por ti, pregúntate qué puedes hacer tú por tu país”, versaba el hombre que en 1961 se había convertido en el presidente más joven de Estados Unidos, después de Theodore Roosevelt; era el momento de la supremacía de la sociedad frente al Estado.

    Hoy todo político que se precie de serlo necesita tocar, entender y respirar el fenómeno Macron de Francia.

    De hecho el presidente Peña Nieto tiene en su agenda como un encuentro estelar y agradable la cena –con velas o sin velas– que tendrá en París con Emmanuel Macron, y como encuentro desagradable el que tendrá en el marco del G20 con Donald Trump.

    En ese contexto, no es de extrañar que el secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño, ahora ya con un frente educativo mucho más en paz y con una amplitud de funciones políticas –porque para qué nos vamos a engañar, si siempre fue recordado en Los Pinos– viajara a Europa para participar en dos hechos sin precedentes.

    Primero, en la 67a Reunión del Premio Nobel celebrada en Alemania, y después en París donde sostuvo un encuentro con su homólogo francés Jean-Michel Blanquer para entender sobre todo el fenómeno Macron.

    Y no estoy diciendo –no todavía– que Emmanuel Macron vaya a ser el modelo de Aurelio Nuño. Pero sí es verdad que en este sube y baja donde los estados de ánimo caracterizan al mundo político, hay ocasiones en las que uno parece estar fuera y otras en las que las corrientes del cambio y los errores de los demás pueden impulsarte hasta la cima de lo que intentas conseguir.

    Pero mientras tanto hay que reconocerle a Nuño que el movimiento de salir del rancho, mirar desde afuera y reunirse con amigos y colegas sin abandonar el cometido de la educación, tiene una gran carga política.

    Además millones de mexicanos hemos recibido una comunicación clara de nuestro secretario de Educación quien ha destacado aspectos relevantes y con mucho sentido.

    Porque no debemos olvidar que ahora cuando los inversionistas son convocados a México no sólo preguntan por la situación del peso o por la inflación, sino que también preguntan por todo lo que pasará con la Reforma Educativa.

    Y al final las preguntas son muy sencillas: ¿nuestras autoridades están para procurar la calidad de la enseñanza o para seguir construyendo la felicidad de los maestros, pero el infierno de los alumnos?

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