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Saber observar, saber escuchar

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Por: Antonio Navalón
22 de Noviembre 2016
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En la vida siempre ha sido importante saber observar y saber escuchar. En ese sentido, nunca me dejó de impresionar la obra “La resistible ascensión de Arturo Ui” del dramaturgo alemán Bertolt Brecht, que mediante una puesta en escena llena de sátira ridiculiza a Adolfo Hitler y a los suyos al momento en el que deciden ocupar Alemania.

En el acto final el personaje del bigotito hace un discurso que desata las carcajadas del auditorio, pero de pronto en medio de risas el actor se levanta, se quita el bigote y dice: “no se rían, no se rían, aprendan a escuchar y no sólo a oír, aprendan a observar y no sólo a ver, porque la perra que engendró el fascismo anda preñada de nuevo”.

Al día de hoy he escuchado muchas opiniones que aseguran por una parte que la única fruta madura del árbol de las promesas de Trump se llama México y por otra, que los únicos que pueden ser insultados sin que eso tenga costo alguno somos los mexicanos.

En ese sentido, hay que recordar que México ya no es el mismo de 1846 cuando se desató la invasión-robo en el mandato de un colega de Trump llamado James K. Polk. Porque ahora somos otro país y somos otra gente. Por lo tanto, me gustaría saber quién será realmente el genio que logre separar a la población de acuerdo a su origen racial en las diferentes ciudades estadounidenses.

Eso significa que vamos a llegar a la depuración, aunque será necesario determinar hasta qué generaciones llegará semejante castigo.

En ese contexto, hay que saber escuchar de verdad lo que están queriendo decir los políticos, hay que interpretarlos en función de sus acciones y no de sus declaraciones, porque cuando están en campaña normalmente no se sienten vinculados. Aunque en este caso, lo que estamos observando es un vendedor mas no un político, y es un vendedor que no ofrece ilusiones sino agresiones.

Por lo tanto, si un político convencional normalmente no se siente vinculado por sus promesas, imagínense entonces qué podemos esperar de un vendedor.

Ahora esa sensación de que estamos indefensos, de que importamos muy poco y de que somos una pieza fácil de abatir es totalmente falsa. Algo que, sin duda, los poderes económicos y sociales del país deben aprender, porque de lo contrario nada funcionará en el Estado mexicano.

Aprendamos a observar, pero no sólo lo que quiere hacer el enemigo, sino todo lo que nosotros debemos hacer para defendernos correctamente. Y aprendamos a escuchar detenidamente el sonido de cada minuto que transcurre en esa relación que existe entre México y los Estados Unidos de América.

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