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  • Un río de sangre

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  • Por: Antonio Navalon

    Poco a poco los fines de semana en nuestro país se han ido convirtiendo en un motivo de escarnio, vergüenza y tortura nacional.

    ¿Qué está pasando con la violencia en México?

    Cómo se puede admitir que un país que cuenta sus muertos por horas ante una avalancha de hechos violentos, tenga que escuchar una declaración como la que hizo el jefe de Gobierno, Miguel Ángel Mancera, anunciando que cuatro mil reos podrían salir a las calles como consecuencia del nuevo Sistema de Justicia Penal.

    Algo estamos haciendo muy mal. Y es que, o se les lleva a la cárcel sin razón, o se les libera sólo por una aplicación de criterios que aseguran determinar qué tan peligrosos podrían ser para la sociedad.

    Situación que incluso demandó la propia Policía Federal el día de ayer en voz de su comisionado Manelich Castilla, quien declaró en el Senado que el nuevo sistema penal debe ser revisado a profundidad para que realmente funcione con justicia en beneficio de lo más importante: las víctimas y la sociedad.

    Me temo que hace muchos años los cárteles y la lucha entre ellos empezaron a ser sólo una parte del problema. Me temo que algunas organizaciones sociales ventilan sus discrepancias a tiros. Me temo que la industria nacional del secuestro ya tiene un brazo armado, así como el Estado mexicano ya ha desaparecido de la administración de los penales.

    Me preocupa esta situación donde además nuestro Ejército y nuestra Marina no cuentan con ningún amparo legal en las calles. Y me pregunto: ¿qué armas tendremos los mexicanos para defendernos si ahora por esta modificación legal –seguramente necesaria pero mal aplicada– comienzan a soltar a delincuentes, convictos y confesos, de manera masiva a las calles?

    ¿Qué otro elemento tenemos para combatir la delincuencia y recuperar la paz? ¿Qué tenemos que hacer?

    ¿Armarnos? ¿Defendernos a nosotros mismos?

    ¿Dónde está el papel del Estado en medio de toda esta sangría? ¿Cómo podemos tolerar vergüenzas como las de Acapulco, donde recientemente se perpetró en un penal una ejecución masiva de reos por una confrontación de grupos que se disputan el control del lugar?

    ¿Dónde están las fuerzas de seguridad? ¿Dónde está la primera obligación constitucional del Estado mexicano de proteger y hacer valer la vida humana?

    Hemos llegado a un punto en el que nadie quiere hacerse cargo del problema, y el problema se ha ido haciendo cargo de todos nosotros.

    Por este camino volveremos a los viejos tiempos de sobrevivir sólo organizando –como en la película Los siete magníficos– cuerpos civiles de defensa para evitar que los malos nos terminen matando a todos.

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