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Docentes e indecentes


Crédito: Captura_de_pantalla_2015-05-15_a_las_00_49_54, Foto: Especial,
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15 de Mayo 2015
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JOSÉ MANUEL LINARES
En las aulas escolares, los alumnos muestran la educación inculcada por los padres de familia. Son ellos quienes etiquetan a los maestros, en ocasiones, exagerando sus defectos y en otras reconociendo su dedicación al arte de la enseñanza.
EL HIPPIE
Este maestro odia todos los tipos de guerra, lucha por la legalización de las drogas y ama su vocho igual que a los humanos. Cree sólo en el amor y paz. Viste ropa de manta, o mezclilla, calza huaraches y sus cabellos son tan largos como sus discursos de las clases sociales. Suele usar un paliacate rojo en la cabeza; su bolso de cuero lo acompaña a todos lados. Casi no tiene defectos, si no te importa el olor.
EL SABIO
Ya tiene un camino muy conocido en las aulas. Sabe que la mejor manera de enseñar es a través de mostrar conocimientos y sabiduría en sus recomendaciones. Su trato es educado y en la mayor de las veces sus palabras llevan a la reflexión a los alumnos. Se le nota la sabiduría en cada una de sus expresiones y hasta una plática informal se convierte en una enseñanza.
EL TRASATLÁNTICO
Es el más querido por todos. Sus clases son como ir al cine. No deja tarea. Hace que sus alumnos expongan en clases los temas del curso. Primero dice que va a aplicar tres exámenes, pero al mes de iniciadas las clases lo baja a dos, y a mitad del semestre lo reduce a uno.
EL GÜEVÓN
Es el más sobresaliente de todos: porque no hace nada, o hace tan poco, o hace que hace. Invariablemente llega tarde. Sus clases son tan aburridas porque jamás las prepara. Su portafolios es tan delgado que en realidad parece que lo que carga es sólo aire. Ni siquiera pasa lista en clases. No hace examen. Al final de ciclo, pasa muchas veces, pide al alumno que se ponga él mismo la calificación que quiere. Pero para cobrar es el más puntual.
LA CONSTANTE
Para empezar, es sinónimo de puntualidad y de perseverancia, nunca dice que no y tampoco se cansa. Es la primera en llegar y la última en retirarse. Sus clases son casi perfectas porque nunca deja un tema a medias. En los días más lluviosos en que la mitad de los docentes falta, ella está allí, como si afuera el sol resplandeciera. Sus alumnos la quieren y la odian al mismo tiempo; primero, porque es con la que más aprenden; segundo, porque es insobornable.
LA SABROSA
El motivo principal que la lleva a las aulas es enseñar. Por eso es la favorita de muchos alumnos. Sabe, porque lo sabe, que es bonita, joven y… bonita. Sus labios siempre están dispuestos a unas palabras de aliento: “estudien, jóvenes”, dice mientras cruza las piernas que aman el gym. Es la más grande fantasía de un alumno atento a la belleza de sus maestros. Lo mejor de esta maestra es que siempre está a la moda en cuanto a jeans y faldas se refiere. Faltaba más.
LA PERFECCIONISTA
“Impecable” sería una palabra simple para describir su atuendo. Su calzado brilla más que cualquier mármol pulido. El portafolios negro de piel, sus anteojos, son de antología, como su libreta de control donde anota absolutamente todo: calificaciones, permisos, faltas, participaciones, lamentos, solidaridad, uniforme… Es la maestra ideal para tranquilizar a los más revoltosos y casi siempre los ex alumnos la recuerdan por ser una maestra que marcó sus vidas.
EL PELMAZO
Tiene muchas virtudes y sólo un defecto. No es un maestro barco, no es rabo verde, ni amargado, y lejos está de ser un güevón, pero su intención de enseñar se queda precisamente en eso: en intención. Este docente padece de bullying de sus alumnos, quienes le exigen que no haga exámenes, que no deje tareas y que les califique como se lo pidan. En pocas palabras, no es un maestro, sino una persona que actúa un papel difícil de interpretar en medio de esa jungla salvaje que puede ser un salón de clases.
EL ORIENTADOR
El maestro que predica con el ejemplo. Llega a clase a tiempo y siempre busca al grupo de alumnos que tomarán en cuenta sus observaciones. Tiene sólidos conocimientos académicos y de cultura en general. Sabe como orientar las cualidades y aptitudes de cada alumno es el que tiene olfato para el talento en algún alumno y lo impulsa a desarrollarlo por buen camino.
EL CHAVO RUCO
Es otro alumno, sólo que medio calvo y hasta panzón. Lo primero que pide en su primera clase es que le hablen de tú. A mitad de clase se interrumpe para hablar de las canciones de moda o de las películas más recientes. Sabe todas las canciones juveniles y los nombres de actores y actrices de moda. Es como Peter Pan. Nunca crece. Claro, se enoja como todos los maestros, pero nunca reprime.
ZEG

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