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Terrorismo toca a la puerta


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03 de Julio 2015
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ALBERTO AYALA

Desde hace más de una década, en el país comenzaron a intensificarse los ataques terroristas. El atentado del 15 de septiembre de 2008, en Michoacán, y los explosivos enviados al Tec de Monterrey en 2011, en el Estado de México, son señales de que la nación se encuentra en la antesala de convertirse en víctima del terror.

El Instituto para la Economía y la Paz, con sede en Sydney, Australia, ubicó a México como uno de las 13 naciones con mayor riesgo de enfrentar un aumento de actividades terroristas para 2015, esto de acuerdo con su Índice de Terrorismo 2014, donde nuestro país es el único del hemisferio occidental en entrar en esta categoría de riesgo.

Los atentados cometidos por autodenominado Individualidades Tendiendo a lo Salvaje (ITS) en instalacione del Tec, el miedo sembrado por Los Caballeros Templarios en Michoacán y las operaciones clandestinas del Ejército Popular Revolucionario (EPR) en Oaxaca comparten características similiares dentro de una categoría específica de la violencia: el terrorismo.

Mauricio Mescholaum Uziel, doctor en Políticas Públicas y especialista en terrorismo, señala que esta actividad delictiva “es ejercida como instrumento con el propósito de impactar en terceros, generando terror y usando éste como vehículo para mandar un mensaje a un gobierno o a la sociedad”.

MARCA IMBORRABLE

Hace más de siete años los medios de información consignaron testimonios de víctimas de la trágica noche del 15 de septiembre de 2008.

Guadalupe Hernández Arreola, quien era comerciante, vive con fragmentos de granada bajo su piel, al igual que su esposo e hijo, quienes asistieron a la trágica conmemoración del 198 aniversario de la Independencia de México en el zócalo de la capital michoacana, donde dos granadas fueron lanzadas presuntamente por miembros del cártel de Los Caballeros Templarios contra la multitud.

“Duele mucho recordar cómo estábamos, tirados y sangrando. Traigo esquirlas en la planta de los pies, entonces al pisar una piedra hasta me hace gritar. El médico dice que se pueden operar, pero me van a lastimar tendones y eso me puede dejar en silla de ruedas”.

El ataque, que dejó ocho muertos y 140 heridos, fue catalogado como “atentados terroristas” por el entonces presidente de México, Felipe Calderón. A partir de ahí, el país entró en una espiral de la violencia cada vez más extrema y sanguinaria.

José Antonio Ortega, presidente del Consejo Ciudadano de Seguridad Pública y Justicia Penal, afirma que los hechos de Morelia sí pueden ser considerados actos terroristas.

“Causaron varias muertes e impactaron a la población que se encontraba en el lugar, provocando miedo, terror y asombro”, declara.

Mescholaum Uziel expresa que algunos ataques perpetrados por organizaciones criminales suelen ser actos “cuasiterroristas”, como los ocurridos en Morelia, donde sí hay una motivación, “un poco de política y tiene muchos de los elementos del terrorismo”.

Sin embargo, el especialista en seguridad Javier Oliva Posada considera que este tipo de ataques no pueden ser considerados como atentados terroristas.

“Hay acciones propias de grupos terroristas que han incorporado grupos del crimen organizado.

El problema es que si calificamos el narcoterrorismo con lo que está sucediendo en México con la violencia de los cárteles, le damos un cambio sustancial de tratamiento judicial, diplomático y por lo tanto, en términos de seguridad”.

CUESTIÓN DE ENFOQUES

La ola de violencia desatada a lo largo de los últimos 15 años, durante el nacimiento de la “guerra contra el narco”, impulsada por el ex presidente Calderón, ha provocado que algunos ataques tengan destellos de “cuasiterrorismo” que, a decir de Mauricio Mescholaum, “aunque incluyen algunos elementos del terrorismo clásico, no pueden ser considerados como tal.

“Los que son menos polémicos son los actos perpetrados por organizaciones anarquistas, organizaciones ambientalistas extremas, organizaciones antisistema”.

Bajo este método entran hechos violentos como los ocurridos el 8 de agosto de 2011, en el Tec de Monterrey, campus Estado de México, donde un paquete explosivo fue enviado a esa institución, destinado contra dos profesores especializados en tecnología y robótica, quienes finalmente resultaron heridos. Esta agresión fue posteriormente reivindicada por Individualidades Tendiendo a lo Salvaje (ITS), un grupo de corte anarquista y ambientalista que se dijo “en contra del avance de la nanotecnología y su uso en el maltrato a los animales”.

José Antonio Ortega entiende al terrorismo como las explosiones de gasoductos de Pemex provocadas por el Ejército Popular Revolucionario (EPR) a principios de julio de 2007, ataques que el grupo paramilitar se adjudicó “en hostigamiento al gobierno de Felipe Calderón y de Ulises Ruiz —ex gobernador de Oaxaca—”, a quienes culparon de la desaparición de dos de sus compañeros. “En este caso —subraya—, sí hubo una reivindicación ideológica”.

Ortega Sánchez también recuerda como otro acto terrorista, el coche-bomba que estalló en presencia de policías federales, dejando como saldo tres policías muertos y varios heridos, atentado cometido presumiblemente por integrantes del crimen organizado el 15 de julio de 2010, en Ciudad Juárez, Chihuahua.

Así, el también activista lamenta la crítica situación que viven estados como Michoacán, Guerrero o Tamaulipas, y sentencia:

“Si las instituciones públicas se siguen debilitando y siguen siendo captadas por organizaciones criminales para esquilmar, para exfoliar, para secuestrar, para despojar a la población, hay condiciones para que surja mayor violencia y actos terroristas”.

NACIÓN ATERRADA

En México, el artículo 139 del Código Penal Federal define al terrorismo como “un medio violento e intencional donde se realizan actos en contra de bienes o servicios, ya sea públicos o privados, o en contra de la integridad física, emocional, o la vida de las personas, que produzca alarma, temor o terror en la población o en un sector determinado, para atentar contra la seguridad nacional o presionar a la autoridad o a un particular para tomar una determinación”.

La pena por actos de terrorismo será de 15 a 40 años, y 400 a mil 200 días de multa.

Oliva Posada, doctor en Ciencia Política, afirma que existe ambigüedad en la legislación mexicana para sancionar el terrorismo, pues “sólo refiere la acción del acto violento sin importar las motivaciones.

“Por eso es muy importante la reivindicación que se hace de un atentado, es decir, aquello que diga justificar el ataque”, subraya.

Mauricio Mescholaum añade que la definición del Código Penal es “jurídica, no académica. No está basada en estudios científicos que se han efectuado y en la literatura especializada. La clave del acto terrorista está en si estás utilizando la violencia en cualquiera de sus facetas como un instrumento para poder impactar la psique colectiva propagando el terror”.

 

ZEG

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